Crecen los acuerdos entre firmas extranjeras y capitales venezolanos en medio de la transición económica

Crecen los acuerdos entre firmas extranjeras y capitales venezolanos en medio de la transición económica
Foto: Cortesía
La firma estadounidense de cosméticos Avon operó en Venezuela durante setenta años. La compañía, con presencia en 75 países, anunció en junio la venta de sus activos. Luego fue la icónica cadena de restaurantes T.G.I. Fridays, que llegó a Caracas a finales de los años noventa.
La crisis económica de Venezuela, la hiperinflación y las prácticas del socialismo bolivariano, incluidas las expropiaciones de Hugo Chávez, propiciaron la fuga de activos y alejaron la inversión extranjera. En los últimos años han abandonado el país o han reducido sus operaciones al mínimo grandes grupos como General Mills, Bridgestone, Kellogg, Clorox, Goodyear, Kimberly/Clark, Ford, Colgate Palmolive, Zara, General Motors, Louis Vuitton, Wendys, Intercontinental, Cargill, Citigroup, Pirelli, y varias aerolíneas internacionales. Sin embargo, continúan en el país otras multinacionales como Nestlé, Parmalat, DHL, Samsung, IBM, Heinz, McDonald’s, Mapfre, BBVA, KFC, Johnson & Johnson, Meliá, Diageo, Kraft, Toyota, Chevron, Coca-Cola, Hyundai, Marriott, Repsol y Procter and Gamble.
La partida de multinacionales en un año en el que se augura un crecimiento económico de hasta 10%, después de ocho años de una caída estrepitosa del PIB, habla de lo que se ha reducido el mercado venezolano y de la pérdida del consumo. Pero también sugiere que en la nueva economía, en la que prosperan restaurantes, bodegones (tiendas gourmet) y casinos, las reglas todavía no están claras. El costo de la formalidad puede ser muy alto para algunas empresas, no solo en impuestos sino en operaciones que dependen de servicios y combustible irregulares, además de denuncias reiteradas de los sectores industriales y comerciales venezolanos.
El cierre de algunas compañías extranjeras de Venezuela se inició en 2014 y comenzó a precipitarse en 2016. Concurren en la decisión el agotamiento con la situación política del país, las dificultades del marco legal y económico del chavismo, el deterioro en la capacidad de compra de la población y el propio achicamiento del mercado local.
Algunas empresas multinacionales como Nestlé y Marriot mantienen excelentes relaciones con el Gobierno de Maduro. En las antípodas hay historias como la de Kellogg, que se fue del país se fue de forma abrupta hace cuatro años. Sus plantas fueron ocupadas por el Gobierno, que continuó produciendo versiones de sus marcas, por lo que enfrenta una demanda internacional. Sin embargo, en numerosos casos, en lugar de marcharse definitivamente, muchas firmas ceden la marca y el entorno productivo disponible a empresarios nacionales, que continúan con la operación a nombre de la marca por un precio a convenir, bajo unos términos que permitan a la casa matriz regresar si se producen mejores condiciones el futuro. El instrumento para regular estos acuerdos es el denominado Pacto de Recompra.
En medio del viraje que ha emprendido Maduro, estos cambios han favorecido en ocasiones a empresarios ligados al chavismo con negociaciones que han recibido críticas por la falta de transparencia. “Hay nuevos capitales nacionales adaptados a estas circunstancias, a lidiar con el chavismo, imbuidas en un mercado más pequeño”, señala el economista Luis Vicente León, socio directivo de la encuestadora Datanálisis. “Empresarios que por muchos motivos quieren mantener su dinero en el país. Enchufados, algunos, pero no lo son todos necesariamente. Conocen el terreno, tienen contactos, pueden resolver los temas de la permisología y la burocracia”.
Hay multinacionales que no pudieron resistir el caos económico, el asedio oficial, la incertidumbre y para las que la apertura económica que impulsa Nicolás Maduro llega tarde. Sin embargo, en el país se está afianzando otra fórmula de colaboración entre compañías multinacionales y capitales locales que lleva a grupos extranjeros a ceder su marca de forma temporal dejando abierta la posibilidad de un regreso a mediano plazo bajo una figura conocida como Pacto de Recompra.