Opinión| ¿Acuerdo Político? por Leandro Rodríguez Linárez

Lo descrito en estas líneas no representa nuestra opinión, es un reflejo de la realidad, narrativa de hechos que han ocurrido y que muchos ignoran su significado o se han dejado influenciar/manipular por el constante flujo informativo sesgado que impregnan los medios de comunicación venezolanos, principalmente la televisión, 100% autocensurada.
A media el chavismo desgastó lo electoral (cuando había boom), el diálogo, los presuntos acuerdos con una oposición irreal, ahora surge al escenario del “Acuerdo Político”, al respecto las siguientes observaciones:
Ningún acuerdo político es valedero sí no intervienen actores reales, legítimos. En consecuencia, para que en Venezuela pueda desarrollarse un Acuerdo Político real deben participar Nicolás Maduro en representación de todo el régimen (no solo del “Ejecutivo”), Juan Guaidó por ser la principal figura opositora, reconocida mundialmente, y por último garantes internacionales, principalmente neutrales o que al menos no hayan tenido parte activa hasta el momento en la crisis del país.
En segundo lugar, debe existir voluntad política real, ella es el combustible. No bastan palabras ni promesas, desde el primer día deben manifestarse hechos palpables, por ejemplo; del lado del régimen frenar la ominosa imposición del Estado Comunal y por parte de la oposición cesar todo llamado de protesta, a fin de sentar las bases que permitan el trabajo en conjunto.
Los puntos deben ser claros. El agravamiento de todas las desgracias venezolanas se produce por el desconocimiento de los espacios de poder obtenidos por la oposición venezolana y por la celebración de elecciones al margen de la ley y la legitimidad, lo que permitió la profundización de un modelo país rechazado por los venezolanos en 2007, pero impuesto a la fuerza por el régimen. En consecuencia, el punto de arranque para la reconstrucción del país debe ser el rescate de la constitucionalidad y la democracia.
Como punto de honor, se debe permitir la elección de un CNE imparcial, apegado irrestrictamente a la letra de la constitución, con rectores totalmente apartidistas, cualificados, de reconocida honorabilidad.
Su elección debe ser el verdadero y único “Gran Pacto Político Nacional” donde participen todos los sectores del país, repetimos, al margen de la partidización. Luego, celebrar todas las elecciones, comenzando por las presidenciales.
Ahora bien, siendo esto así, nos damos cuenta que el famoso acuerdo político que adelanta el chavismo es con la “oposición electorera” impuesta por el TSJ, la cual apenas se representa a ella misma. Tampoco hay muestra de voluntad política, paralelo al discurso de Maduro sobre las elecciones regionales, se profundiza el “Estado Comunal”, fórmula para minimizar/sustituir las alcaldías y gobernaciones. Con relación al tercer punto, las condiciones electorales desde 2017 pasaron de ser “mínimas” a “absurdas”, además, ningún proceso electoral puede ser útil sí las instituciones del Estado se encuentran totalmente psuvizadas.
Con la nueva elección del CNE pues más de lo mismo, nada imparcial podrá emerger de una Asamblea Nacional como la actual, electa a través de un proceso electoral al calco de los perpetrados desde 2017, fuente de las sanciones internacionales.
La política es realidad, siempre lo repetimos, en consecuencia, lo único que podemos esperar de un conjetural “Acuerdo Político” como el que estamos viviendo actualmente es que las próximas elecciones serán idénticas a las desarrolladas desde la “constituyente”, con la temida presunción de abonar el terreno a un supuesto “revocatorio” en 2022 que, lejos de buscar revocar a Maduro en medio de condiciones electorales imposibles, lo ratificaría porque llevaría implícito un reconocimiento porque… ¿Cómo se va a revocar alguien no reconocido, ilegal e ilegitimo? ¡Pongamos los pies sobre la tierra!
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