OPINIÓN| Seamos sinceros ¿Sirve lo electoral? por Leandro Rodríguez Linárez

Ya en 2010 el chavismo sabía la oposición venezolana, no la de partidos sino la autodefinición política de los habitantes del país, era mayoría, por tal motivo, realizó vía CNE y AN del momento una antidemocrática reingeniería electoral que le permitió obtener más diputados obteniendo menos votos que la oposición, burlando la decisión de los venezolanos.
Desde antes, concretamente 2007, Chávez, luego de perder el intento de reforma constitucional, inmediatamente comenzó imponer el contenido rechazado vía leyes habilitantes, previniendo la fuga de popularidad, nació el Estado Comunal. En los años siguientes se crearon leyes inconstitucionales que le arrebataron competencias y recursos constitucionales a las gobernaciones y alcaldías. Todos los espacios que los venezolanos restaron al chavismo por la vía del sufragio éste los ha retenido, pues se impusieron protectores, Zodis, Redis, etc.
Lo perpetrado contra la AN 2015–2020, la absurda evasión (jurídicamente hablando) del revocatorio 2016 y la imposición a sangre, sudor y lágrimas de una pretendida asamblea nacional constituyente, terminó de aniquilar el voto, por eso surge la abstención de forma espontánea, es el sentimiento nacional más legitimo en contra de las instituciones psuvizadas, en contra de procesos electorales al margen absoluto de la ley y la democracia.
La afamada (en el discurso) democracia protagónica y participativa, incluida en la CRBV 99’, no es más que retórica, todo lo creado en función a ello no es más que estructuras partidistas afines con las metas y objetivos políticos del régimen, no de las comunidades, municipios ni regiones.
Para poder asumir en un diálogo se pueden albergar esperanzas la muestra de voluntad política con hechos (no con palabras) es la clave. Al respecto, para este nuevo encuentro en México Maduro comienza exigiendo eliminar las sanciones internacionales y pidiendo el reconocimiento pleno de todo el régimen, o sea, olvidar y perdonar gratuitamente todo lo que la imposición forzosa de un modelo antivenezolano y la retención ilegal e ilegítima del poder ha causado a Venezuela ¡Es ilógico!
Por otro lado, Guaidó, a través de su onírico “Acuerdo de Salvación Nacional” abrió una posibilidad de participar en las elecciones del 21N, algo también ilógico, toda vez que las condiciones electorales se han tornado mucho más absurdas que nunca. Retomando lo de la voluntad política, sí en verdad el régimen quisiera avanzar democráticamente, hubiese propuesto el diálogo antes de celebrar las parlamentarias, pues la AN es quien tiene el poder de reinstitucionalizar al Estado ¡Pero no! llama al “acuerdo” una vez ya hecho del parlamento nacional en las mismas condiciones (anti)electorales impuestas desde 2017.
Venezuela no se reinstitucionalizará desde las alcaldías hacía arriba ¡No! eso es un discurso cazabobos pro 21N, ese proceso de cambio real y profundo debe comenzar desde los poderes nacionales hacia abajo porque, como hemos dicho, los poderes nacionales son los que controlan a los “de abajo”, una alcaldía, una gobernación es indefensa ante la decisión, por ejemplo, del TSJ o de la AN… ¡Estemos claros en eso!
Venezuela atraviesa su oscurantismo, ningún cambio ocurrirá sino superamos la fórmula mágica del régimen: elecciones con instituciones psuvizadas y diálogos estériles, dilatorios. Por ese motivo, nuestro país requiere la participación de un liderazgo apto, capaz, embraguetado, comparable solo con quienes nos dieron la primera libertad.