Opinión | Víctor Valera Mora “El poeta del amor y la revolución” Por Napoleón Camacho

Napoleón Camacho
EL TIEMPO DUPLICADO: Víctor Valera Mora “El poeta del amor y la revolución”.
Por Napoleón Camacho.-
A finales de los años sesenta y principio de los setenta, los jóvenes de San Felipe, se agrupaban, en lo que  acertadamente denominaron “partía”. Eran una especie de liga que servía para la discusión de los diversos acontecimientos del pueblo, como también, a la discusión política, hechos deportivos, libros, música y poesía, entre otros. Todas las noches, después de cumplir sus deberes, unos como estudiantes, otros como trabajadores y después de la buena cena, la cita era, en las denominadas “partía”, que tenían su lugar de reuniones en las esquinas, en postes de la luz eléctrica a mediación de cuadra y, en las plazas más cercanas a sus casas del entonces pueblo de San Felipe. Siendo la más concurrida y de mayor tradición la “partía” de la esquina oeste de la plaza Bolívar que se ha mantenido hasta estos tiempos.
Los muchachos de los sesenta estaban prácticamente saliendo de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Brillaba en el caribe como estrella solitaria la revolución cubana. Causa que género en estos jóvenes una identificación con la rebeldía e irreverencia de ciertos discursos de algunos líderes, bien fueran, de derecha o de izquierda, en la búsqueda de la justicia social y del bien común.  Era la etapa de la formación ideológica y dirigencial. La lectura era esencial. Todos, lo que tomamos el rumbo de la política, así lo hicimos. Mi generación aparece en el ambiente político a los finales de los sesenta, principio de los setenta. Es cuando aparece en escena el poemario “Amanecí de bala”, de Víctor Valera Mora. Que ocasionó una epidemia sarampionosa, logrando contagiar a muchos de nosotros. Oyéndose en las llamadas “partía”, en casi todas las reuniones nocturnas de boca de algunos de sus miembros, pronunciar, “Amanecí bien/amanecí de bala…”. La discusión desde ese momento fue constante, como llama encendida, sobre el poemario “Amanecí de bala” en el año 1971. Otro más atrevidos, fuimos a la génesis del poeta dejándose escuchar con frecuencia, fragmentos de sus publicaciones anteriores, entre otras: “A los montes me voy/me voy completo/ y espero regresar de igual manera…. (Canción para el Soldado Justo). De su primer poemario, que lleva el mismo nombre, editado en 1961.
En la cantina del Liceo “Arístides Rojas”, atendida por el bueno de Ponciano Sánchez, teniendo como asistente, al afable combatiente oral que hasta estos tiempos, ha utilizado su lengua como fusil para mantenerse en la resistencia, en sus trincheras de lucha, como son los bares y las licorerías, que se atreven a tener como cliente a este “revolucionario”, identificado con esta poesía, donde se respira aire fresco de amor y rebeldía.  Me refiero, a mi buen amigo, Oswaldo Hernández, mejor conocido como “Lobito”.  Quien no escapo de la epidemia sarampionosa generada por este peculiar poemario del “chino” Valera Mora. Convirtiéndose en emblema de su obra. Recuerdo siempre, haber oído en susurros de los labios de “Lobito”, este canto a la rebeldía, mezclado con la anécdota y el amor: Amanecí de bala/amanecí bien/ magníficamente bien todo arisco/ hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja/mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer…  para despachar lo pedido. Que no era más que una arepita (era pequeña) frita con jamón, vegetales y mayonesa, llamada tostada que acompañábamos con una Green Sport.  Todo por tan solo Bs 0,50 céntimos.
Años después, junto a mi amigo Franz Vásquez, disciplinado estudioso de la poesía universal, en nuestro sitio de conversación matutina, en una de las mesas de una panadería en un conocido centro comercial de San Felipe, entre el análisis y anécdotas, fue cuando profundicé y conocí más sobre el trabajo y la personalidad de este Sociólogo, de quien me atrevo a decir, que fue uno de los poetas venezolano más atrevidos que haya nacido nuestro Pais. Estoy seguro que el “chino” Valera Mora, fue el mejor exponente en ese período de esperanzas, en la lucha y de la búsqueda de la mejor Venezuela.
La poesía de este singular poeta venezolano, que muchos asocian con el discurso revolucionario, sintetiza ciertas visiones testimoniales que amoldan su personalidad con la anécdota y el verso indivisible y con su discurso amoroso que constantemente está presente en su obra. Podemos leer trabajos como “EL AMOR LOCO”, del poemario 70 poemas Stalinistas (1979), donde el amor juega un papel predominante, el cual, cito a continuación:
Uno ama a su novia es decir yo amo a mi novia
si el malentendido anda al acoso digo yo amo
bastantote a mi novia
yo soy el giro que gira con sangre y carne y huesos
y plumas doradas alrededor del sol
de mi novia
satélite que de mi novia soy yo y mi novia es bien bella
y bello es quererla
así como la quiero de elegante y hermoso que soy
en seis días hago a mi novia y el séptimo no descanso
porque la sueño
y hablando como los cuerdos me veo
tan jilacho
y tan majincho que todo yo mismo me doy risa.
Su bibliografía consta de cuatro libros publicados como son: Canción del soldado justo (1961), Amanecí de bala (1971), Con un pie en el estribo (1972) y 70 poemas stalinistas (1979), marcado por la identidad de su creador en el estilo y la contundencia de su propia forma de decir poesía:
AMANECÍ DE BALA (Poemario Amanecí de Bala. Año 1971)
Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Facultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
esta mañana cuando abrí las puertas con la primera ráfaga
alborotando tumbando todo entraron a mis pulmones
los otros poetas de la Pandilla de Lautréamont
grandes señores tolerados a duras penas por sus mujeres
al más frenético le pregunto por su libro vagancia city
como me gusta complicar a mis amigos los vivo nombrando
el diablo no me llevará a mí solo
ella antiguamente se llamaba Frida y estaba residenciada en Baviera
en una casa de grandes rocas levantadas por su amante vikingo
sus locuras en el mar de los sargazos
hay sol hasta la madrugada y creo que jamás moriré
sin embargo deseo que este día me sobreviva
soy desmesurado o excesivo y no doy consejos a nadie
pero hoy veo más claro que nunca y quiero que los demás participen
hermoso día me enalteces desenfrenada alegría
no tengo comercio con la muerte no le temo
llevo en la sangre la vida de cada día soy de este mundo
bueno como un niño implacable como un niño
guardo una fidelidad de hierro a los sueños de mi infancia
en este punto soy socrático él y yo elevamos volantines
restituimos la edad de oro el “qué habrá” al final del arco suspendido
ahora mismo se está mudando un río
hoy una morena de belleza agresiva me dijo pero si estás lindo
entonces yo le dije acaso no sucede cada dos mil años pierdo el hilo
día de advenimiento de locos combates de amor a altas temperaturas
desnudos nos hundimos en las agua del mismo río.
El Chino Valera Mora, nace en Valera, estado Trujillo,  el 27 de septiembre de 1935 y su muerte ocurre en Caracas, el 30 de abril de 1984 y lo enterraron el 1 de mayo, el día del obrero y día del Oficio Puro, decretado por los poetas asistentes el día de su entierro en el intenso azul del Mar de la esperanza.
OFICIO PURO (Poemario Amanecí de Bala. Año 1971)
Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta
a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas llanuras noches domésticas
Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio.
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